Bueno, pues hoy me gustaría comentar algo así como una de cal y otra de arena; el tema: ¿visitas solo o acompañados?.
Por un lado, la parte buena de ir con alguien es que es más divertido, la pregunta es ¿padres o amigos?
Bueno, todo tiene su pro y su contra. Ir con los padres tiene el pro de que, con un poco de suerte, igual sales con algo que querías y no podías pagar. En mi caso hoy ha sido una cajita para tener ordenadas mis infusiones en sus bolsas de la tienda especializada, además, tus padres son los únicos que te dicen con franqueza lo que les parece (aunque duela, a mí mi señor padre no para de decirme que estoy como una foca, cosa con la que mi pareja discrepa; suerte que yo tengo mi estima bastante alta y paso de insultos). La parte mala es que como ellos son mayores, siempre tienes que bailar a su son, más o menos.
En el otro lado, tenemos el ir con amigos. Sin duda la mejor opción a simple vista; son de tu edad o al menos en la franja de entre 5 o 6 años por encima o debajo de la tuya, eso te garantiza que te lo pasarás en grande porque, aunque la visita sea una caca pinchada en un palo, al menos podéis reíros de lo malo juntos. Si son buenos amigos además puedes salir también con un regalo que no esperabas (y al revés), eso sube el ánimo. La parte mala es que en un grupo es inevitable que haya intereses comunes y bastantes discrepancias también, porque uno quiere hacer una cosa o ver una cosa y otro quiere hacer o ver otra. Entonces ya surgen los problemas y los malos rollos.
Pero lo que puedo asegurar que es la madre de todas las malas ideas es confundir a tus padres con amigos.
Creedme NUNCA, EN LA VIDA, CONFUNDÁIS A VUESTROS PADRES CON AMIGOS. Los padres no son amigos, son padres.
Los adolescentes lo tienen muy claro, de hecho muchos consideran a sus padres como extraños o incluso ‘el enemigo’; el problema surge cuando creces y te das cuenta de que no son tan ‘así’ y comienzas a darles votos de confianza. En ese momento comienzas a considerar a tus padres como amigos. Los chicos veis programas con vuestros padres, las chicas con nuestras madres… los chicos vais de vez en cuando a hacer lo que sea que hagáis los hombres con vuestros padres y en el caso de las chicas, mi caso, comenzamos a dedicar a nuestras madres alguna tarde ‘solo chicas madre-hija’, vamos de compras, nos vamos al spa municipal juntas, vas a la peluquería con tu madre… les damos un pequeño votito de confianza para que sientan que somos también amigas suyas; pero, repito, NUNCA JAMÁS SE OS OCURRA CONFUNDIR LAS COSAS. Esas atenciones se hacen para unirse un poco, no porque los padres sean ‘amigos’.
Y ahí he cometido yo hoy el error.
He pensado que mis ancianos padres podían entender por un segundo lo que podía interesarme a mí; así que hemos ido a ver la feria de comestibles de la región, cosa que a mí dejó de interesarme cuando me di cuenta que lo que se vende es siempre más caro que comprarlo en las tiendas cuando debería ser al revés, pero a mi padre le encanta. Lo que ha dejado mis intereses para segundo lugar, tampoco me he quejado porque bueno, todo llega si tienes paciencia.
Finalmente hemos llegado al mercado medieval de la misma ciudad y hemos comenzado a mirar, YO he comenzado a mirar los puestos, mientras mis padres paseaban conmigo y mi padre buscaba lo que a él le interesaba. Entonces mi padre se ha parado a hablar con unos conocidos suyos y se ha tirado un rato, que tampoco me ha importado demasiado esperar porque ¿quién no se puede encontrar de vez en cuando a una cara parecida fuera de la ciudad donde se vive?
Luego hemos cambiado de calle del mercado y hemos ido a la plaza principal donde también hay espectáculo. Yo iba buscando algo concreto, así que no podía dejarme de ver un solo puesto para encontrarlo, aunque fuese por encima, pero claro, a mi señor padre (y sospecho que a mi madre también) se la traía al pairo. Así que les he dicho que iba a ver un par de cosas que no había podido ver porque estaban volviendo del lado por el que habíamos bajado de la entrada a la plaza y hemos acordado mi madre y yo que me esperaban donde estaban, o más o menos en el mismo sitio (admitamos que también pueden mirar el puesto de al lado), me he dado prisa para ver todo rápido y no hacerles esperar y por eso he vuelto por la zona trasera de los puestos, porque había menos tráfico de gente paseando, pero cuando he llegado ya no estaban allí. Total, que me llama mi padre cabreado y cuando llego y les digo lo que habíamos acordado mi madre y yo, va y como siempre se agarra la rabieta de niño pequeño y me dice que tenemos solo 3 minutos para ver toda una plaza y un par de calles adyacentes a la plaza que de normal costaría al menos entre 10 y 15 minutos. Y cuando le contesto que bien, que ya iría otro día con mi pareja o algún amigo empeora su rabieta y se agarra a su derecho de pataleta (y yo pensando que eso es una cosa de la infancia y alrededor de eso de los 7 a 9 años los niños comienzan a dejarlo) apoyado en el complejo de ‘soy mejor porque soy mayor’ (lo siento pero no sé cómo se llama eso en psicología) o como diría Roahl Dahl en el libro ‘Matilda’: “Yo soy mayor, tú pequeña. Yo tengo razón y tú no.”
Un gran motivo, sí señor. Apuesto a que cualquier persona con algo de lógica podría demostrar que se cae por su carencia de razones razonadas y/o razonables.
Total, que al final me he quedado sin mercado hoy, tengo que volver con mi pareja y mi señor padre se ha cabreado para nada porque al final solo ha conseguido retrasar algo la visita.
Moraleja: cuando los padres se cojan sus rabietas ‘seniles’, lo que hay que hacer es dejarles creer que llevan razón y pasar un poco del tema. Siempre y cuando uno lleve la razón, claro.