martes, 29 de noviembre de 2011

De los tipos de mujeres que existimo

Como ya dije en el post anterior (que he gestado hoy, como este y en compensación por el tiempo perdido), en mi casa rige un matriarcado encubierto como un patriarcado, y ahora voy a explicarlo.
Para empezar, no es que tenga nada en contra de mi madre.
En serio, mi madre es la persona que más admiro ahora mismo. Hasta que pude ser consciente de ciertos detalles recurrentes, había pensado que eso de que las mujeres, a pesar del sexo débil éramos las del poder gracias a la sugestión. O sea, que las mujeres teníamos el gobierno de los hombres si sabíamos montárnoslo bien.

Bueno, pues digamos que hasta alrededor de eso de los 15, tal vez 16, había pensado que eso era un mito, un ‘cliché’ que las novelistas de literatura romántica habían inventado para hacernos pensar a las mujeres que en el fondo teníamos algo de fuerza en nuestros interiores.
Pero no, resulta que es verdad.
Y ahí entra mi madre.
A través de mi observación personal en mujeres en mi círculo social y familiar, he descubierto que las mujeres ejercemos el poder de tres formas diferentes y sugestivamente.
El tipo número uno es el más común en la tradición literaria: la ‘Matahari’, como yo la llamo. Son mujeres que ejercen su poder a través del mercadeo, o también dicho, el ‘yo hago esto por ti si tú haces esto por mí’. Generalmente suelen ser eficientes con hombres un tanto… simples, que se dejen meter en ese juego donde intercambias favores simples por cosas más difíciles. Conozco a varias chicas, pero ninguna en mi familia.
El segundo tipo son totalmente opuestas: las ‘Víctimas’. Como el nombre sugiere, ejercen su poder haciéndose las víctimas, y eso suele funcionar de maravilla cuando el hombre al que van dirigidos los ataques son fácilmente manipulables con lágrimas, los ‘estoy muy mal’, ‘estoy muy triste’, ‘lo que haces me duele’… Generalmente son hombres a los que han educado en el antiguo valor de proteger a sus mujeres y en que las mujeres somos débiles y por tanto hay que cuidarlas. Ahí entra en juego mi madre, que podría ser que fuera depresiva, pero… sinceramente, no creo que de el perfil, más bien se agarra al ‘que malita estoy’ para librarse de cosas.
Y por último, el tercer tipo y más escaso (aunque hoy en día la cosa va cambiando) somos las que me gusta llamar ‘hembras alfa’. Este tercer grupo, en el que me gusta pensar que estoy yo, es el más difícil. No porque sea un grupo exclusivo ni nada de eso, sino porque para serlo hay que valer. Tienes que aceptar todo lo que te venga, caerte y volverte a levantar, ser capaz de estar de mierda hasta el cuello y aún así levantar la cabeza y pensar cómo puedes salir de allí, encontrar agua y limpiarte un poco, por ti, no por otros. Lo que a las damas del segundo grupo les hace llorar, a nosotras nos produce un arañazo emocional y enseguida buscamos la tirita para curarla y seguir adelante.
No recurrimos a chantajes emocionales ni intercambios (aunque sabemos cuándo usarlos para seguir vivas). En definitiva, el grupo más duro porque mientras las primeras tienen apoyo y las segundas se lo buscan a través de dar a conocer la debilidad, ya sea real o fingida, las terceras ni muertas demostramos debilidad y no somos demasiado… bien vistas socialmente. Es más, a menudo, como es en mi caso, las pertenecientes al segundo grupo se basan en su contraste con nosotras para hacernos quedar mal, como las malas, mientras ellas se salen con la suya, porque ¿quién va a creerse que la cordero dio una coz a la leona tirándose al suelo para hacerse la herida? Es más sencillo pensar que la leona atacó a la cordera para hacerle daño y el hombre llegó justo a tiempo de castigar a la leona y premiar a la cordera.
Así que chicas, identificaos con quien queráis. Alarmaros, enfadaros o darme la razón, probablemente alguien que se encuadre en otro de los grupos lo vea de forma diferente.
Y chicos… echad un ojo alrededor, fijaros en vuestras madres, hermanas, primas, amigas o compañeras, seguro que encontraréis muchas más ‘mataharis’, ‘víctimas’ y ‘alfas’ de lo que pensábamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario